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Por Alfredo Rodríguez.
Son muchos ya los que han salido del cine gritando que Capitán América y el soldado del invierno es lo máximo, o al menos que es una excelente película. La mayoría de quienes los he escuchado decirlo son fanáticos de los cómics, quienes conocen la continuidad de los personajes al revés y al derecho y valoran cada vez que se hace un guiño o una cita a algún momento célebre de las historietas. Yo no soy fan de Marvel y no he leído ninguna historia del Capitán, así que fui al cine con entusiasmo y recelo a la vez.

¿Mi conclusión? La nueva película de la franquicia Marvel vale la pena ser vista. Y no porque sea una joya del cine, sino por algo mucho más simple: Capitán América 2 pone todas sus fichas en contar una historia, algo que muy pocas películas de superhéroes se han atrevido a hacer.

La vida antes del soldado.

Para mí, ninguna otra que recuerde lo hizo como ésta. La mayoría de las películas de hombres en mallas recurren a la nostalgia (como en Spiderman y Capitán América 1), a los efectos especiales con acción injustificada (como en Vengadores), al humor y el carisma de los personajes (como en Ironman), o a una mezcla de todos estos ingredientes que lo que busca es generar nerdgasmos. Tanto así que pareciera que para eso fueron hechas, para realidad el sueño de ver a tu héroe en acción en la pantalla grande ¿Y la historia? Un mero pretexto.

Incluso en los casos opuestos, como en The Dark Knight de Nolan. Ahí también pareciera que la historia cumple un papel secundario, que lo importante es la tesis que se plantea, y que la trama no es más que un soporte hecho a la medida para sostener dicha tesis. Pero al salir ayer del cine, por primera vez sentí que se rompía esa lógica, que se había hecho algo nuevo. Algo simple, pero nuevo.

Un soldado intrigante.

Ojo que no estamos hablando del padrino. El soldado del invierno es una película que tiene falencias que no son tan menores: Acá vemos recursos pencas como “el villano que explica el plan” y otros a los que las películas de héroes nos tienen acostumbrados, y que no por eso dejan de ser chantas. Pero a pesar de todo, se sienten detalles secundarios, porque lo que me tuvo enganchado toda la película fue la historia. Un relato lleno de acción que, más allá del espectáculo (como ocurría en Vengadores), iba acompañada de tensión e intriga suficiente como para afectarte e interesarte por el resultado de los acontecimientos.

Simple y bueno ¿qué mejor?

La verdad, me saco el sombrero frente a Capitán América y el soldado del invierno, una película honesta, que sin traicionar ni tratar de desentenderse del género (como lo hacen las Batman de Nolan y el Superman de Snyder), ofrece entretención comparable con una buena Misión Imposible, en un tono digerible para cualquier estómago. Con buenas cuotas de humor y espectacularidad (y un poquitín de emotividad acartonada que se siente innecesaria) para mí esta es la película de superhéroes con la que más me he entretenido desde Los Increíbles.

Recomiendo 100% ir a verla, pero sin demasiadas expectativas. Recuerden que su valor es ser una muy-muy entretenida película de matiné, lo cual es bastante que decir al hablar de la media de las películas de superhéroes.